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‘Una Boda de Muerte’, crÃtica. Disfrutar de la desgracia ajena…David Ribet (Pliskeen) | 22 de Enero de 2012 |
Una de las comedias más destacables que se estrenaron allá por el 2007 fue “Death at a Funeralâ€, bautizada en España como “Un funeral de muerte†por obra y gracia de nuestros “retituladores del avernoâ€, como cariñosamente les llama un servidor.
La susodicha, una coproducción entre EE.UU y Reino Unido, se centraba en el desastroso funeral del patriarca de una familia no demasiado bien avenida. La (simpática) pelÃcula en cuestión tuvo bastante éxito, lo que ha llevado a su guionista, Dean Craig, a repetir la fórmula dos veces más: primero realizándose en 2010 un remake genuinamente yanqui (esto es, sustituyendo el humor negro a la inglesa por el humor vulgar a la americana) y ahora plasmándose una similar concepto en “A Few Best Menâ€, en donde se cambia el funeral por una boda y al realizador de filmes como “La pequeña tienda de los horrores†o “In &Out†(Frank Oz) por el de “Las aventuras de Priscilla, reina del desierto†(Stephan Elliott).
Y como los productores y el guionista de esta nueva cinta son los mismos, aquà han decidido adecuar el tÃtulo repitiendo la coletilla y quedándose asà en “Una boda de muerte†(y tan panchos, oye)
David (Xavier Samuel) está a punto de casarse con Mia (Laura Brent), una joven muchacha australiana a la que conoció –y de la que se enamoró perdidamente- durante unas vacaciones. La ceremonia tendrá lugar en casa de Mia, por lo que David se traslada hasta Australia junto a sus tres mejores amigos: Luke, que será el padrino y que acaba de perder a su novia; Tom, un pasota total, y Graham, un hipocondrÃaco acomplejado.
Cuando llegan a su destino, David conoce por fin a sus suegros. El padre es un rico senador australiano y la madre una ama de casa servicial. En un principio, los padres de Mia reciben a David y a sus amigos con los brazos abiertos, pero en la despedida de soltero las cosas se desmadran y la boda no resulta ser lo que debiera.
Las bodas han sido y serán siempre un tema recurrente en el cine, sobre todo en lo que a comedia romántica se refiere. El año pasado, sin ir más lejos, tuvimos en cartelera “La boda de mi mejor amigaâ€, que fue todo un éxito de crÃtica y público (aunque a mà me pareció deleznable, dicho sea de paso).
Mientras que aquella se centraba en la preparación de la boda y sobre todo en la despedida de soltera de la futura esposa, en “Una boda de muerte†es la celebración de la propia boda el foco de atención de la trama; una boda que se convierte en un auténtico desmadre después de que la noche anterior a la misma al novio y a sus amigos se les vaya de la mano la despedida de soltero.
Pero la semilla del desastre se germina unas horas antes, cuando Tom decide comprarle algo de droga a un traficante local. A partir de ahà y de la borrachera de la noche previa a la boda, todo empezará a torcerse. Una celebración planificada a lo grande, con todo lujo de detalles y con unos invitados selectos se convertirá en un caos por culpa de tres tÃos, los amigos del novio, un poco pasados de vueltas.
Luke está deprimido o, mejor dicho, totalmente hundido porque su novia le ha dejado y ahora está con otro tÃo, asà que se pasa toda la boda dándole a la botella y llamando desconsoladamente a su ex para hundirse aún más en su propia miseria. Con un padrino asÃ, la cosa no puede funcionar bien. Pero todo se complica si a ello sumamos a Tom (Kris Marshall) y su absoluta despreocupación por la boda. Tom no termina de convencerle que su mejor amigo se case con una chica a la que apenas conoce, por lo que de manera consciente e inconsciente (según la ocasión) sabotea la ceremonia con sus desastrosas ocurrencias.
En cuanto a Graham (Kevin Bishop), sus propias extravagancias ya son suficiente motivo de queja, pero si a eso añadimos el factor “drogaâ€, la cosa puede ponerse mucho peor. Y de hecho, se pone mal, muy mal.
La boda se convierte en una continua sucesión de calamidades que avergüenzan constantemente a un impotente David. Con semejante percal no es de extrañar que las reticencias de su yerno vayan en aumento y que a Mia se le vaya agotando la paciencia por momentos. Y a todo esto… ¿qué hay de la madre de susodicha? Pues SPOILER– desatada totalmente y divirtiéndose de lo lindo a base alcohol y coca – FIN SPOILER.
El caos que el guionista desata busca desesperadamente el humor gamberro y no se puede negar que en ocasiones logra crear situaciones bastante divertidas. Algunos gags son mejores que otros (el momento en el que el ornamento floral arrasa con los invitados no tiene desperdicio); los hay que son más predecibles (el momento del vÃdeo humillante se veÃa venir desde el principio) y, definitivamente, hay momentos que resultan de muy mal gusto por culpa de la –por desgracia- imprescindible escatologÃa.
Claro que esto último parece entusiasmar al público, habida cuenta del tipo de comedias que suelen arrasar en taquilla (la propia “La boda de mi mejor amiga†contenÃa uno de los gags escatológicos más infames del pasado año, y productos como “Fuga de cerebros†encuentran fácilmente quién le rÃa las gracias), asà que no creo que estas situaciones disgusten tanto al espectador común como me disgustan a mà (será que con la edad me he vuelto más “exquisitoâ€)
Y es que aunque estemos hablando de una coproducción entre Australia y Reino Unido, aquà poco se percibe del humor tan tÃpicamente inglés. La sutileza brilla por su ausencia y aunque surjan de vez en cuando diálogos más o menos inspirados (las pullas a las costumbres australianas y a su pasado bélico), en general se trata de un humor más propio de las comedias americanas y muy en consonancia con producciones como “Resacón en Las Vegasâ€.
Por tanto, “Una boda de muerte†es una opción que bien vale para echarse unas risas con los colegas mientras se disfruta de la desgracia ajena y de las locuras que van sucediéndose a lo largo de poco más de hora y media (que es básicamente lo que deberÃa durar toda comedia que se precie, sea mejor o peor que ésta).
Quizás lo mejor de todo sea el reparto formado por ingleses y australianos, y de entre los que destacarÃa Kris Marshall, que repite jugada tras “Un funeral de muerteâ€, y Kevin Bishop, actor de trayectoria mayormente televisiva. Además, cabe hacer una mención especial a una casi irreconocible Olivia Newton-John (la cirugÃa plástica, un terrible enemigo de Hollywood…) en uno de esos papeles que por norma general suelen quedarse en una breve aparición estelar y que aquÃ, sin embargo, se le saca bastante jugo dejando que la actriz explote se vena más desenfadada.
Quizás sólo por eso ya merezca la pena echarle un vistazo a la pelÃcula.
Secciones: CrÃticas | Portada |
Etiquetas: critica, Una boda de muerteDanos tu opinión estrictamente sobre el tema de este post. Te rogamos que no utilices un lenguaje ofensivo o de provocación respecto al resto de comentaristas ni dejes comentarios irrespetuosos contra los foreros o los autores del blog. En caso contrario, nos reservamos el derecho de admisión y la posibilidad de moderar o eliminar el comentario, e incluso de aplicar el sistema de baneo con el infractor de estas normas. Incluye el enlace que te parezca importante en relación a este post, siempre que no se trate de promoción o publicidad descarada, copiando y pegando la dirección de internet correspondiente en el cuadro de mensaje.
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