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‘The Possession (El origen del mal), crÃtica: otra de exorcismos del montónDavid Ribet (Pliskeen) | 10 de Septiembre de 2012 | 6 Comentarios [+]
Casi cuarenta años son los que han transcurrido desde el estreno de ‘El exorcista’ de William Friedkin, y en todo este tiempo aún no me he topado con una sola pelÃcula de posesiones demoniacas/exorcismos que supere o tan siquiera alcance el nivel de horror mostrado por este clásico indiscutible del género.
Y no será porque no se haya intentado…
PelÃculas de misma Ãndole las ha habido a patadas, pero es difÃcil dar con alguna no ya que dé algo de canguelo (cosa que, a cierta edad o madurez cinéfila, es casi imposible) sino que al menos logre sugestionarte lo suficiente como para dejarte bien clavado en la butaca.
Mucho efectismo barato y poca chicha es lo que predomina en el subgénero. Pero si tuviera que salvar a alguna de la quema, probablemente elegirÃa ‘El exorcismo de Emily Rose’ por su habilidad para conjugar el terror con el drama judicial, aportando algo de frescura a un tipo de pelÃculas que, su mayorÃa, están todas cortadas por el mismo patrón (deudor del film de Friedkin, obviamente).
Tras los frustrados intentos de recientes producciones como ‘El rito’ (flojilla), ‘El último exorcismo’ (mediocre) o incluso la española ‘La posesión de Emma Evans’ (horrible), llega ahora ‘The Possession’, que en nuestras tierras trae de regalo la ‘original’ coletilla ‘El origen del mal’. _
Hace un año que Clyde (Jeffrey Dean Morgan) y Stephani (Kyra Sedgwick) están divorciados. Durante este tiempo, las dos hijas pequeñas que tiene en común viven con su madre y pasan los fines de semana con su padre. En uno de sus dÃas paternales, la pequeña Emily (Natasha Calis) y su padre hacen una parada en un mercadillo y compran, entre otras cosas para el hogar, una extraña caja que enseguida atrae la mirada de Emily.
A partir de ese momento, empezarán a producirse extraños sucesos que trastornarán por completo el comportamiento de la niña.
Resulta un tanto insultante acercarse a una pelÃcula de terror sobrenatural que se presenta bajo la absurda artimaña de ‘Basada en hechos reales’.
La frase, que se atribuye siempre a films de estas a caracterÃsticas con el fin de sugestionar al espectador, suele producir a menudo el efecto contrario en aquellos que no nos dejamos embaucar tan fácilmente.
En este caso, para más inri, la idea surge de un mero anuncio publicado en eBay en el que se subastaba una antigua caja de madera que, supuestamente, contenÃa en su interior un dibbuk, un espÃritu malvado de tradición judÃa.
A partir de ahà y sin saber cómo, ha surgido esta pelÃcula, la enésima propuesta de niña poseÃda (¿por qué siempre son chicas?) por un ser diabólico. ¿La novedad?: La procedencia judÃa del espÃritu en vez del tan manido demonio de origen cristiano, y que el punto de partida sea un objeto, aparentemente, inofensivo (la dichosa caja).
El resto, lo mismo de siempre y sin nada especialmente destacable.
En realidad, todas las culturas y todas las religiones tienen su propio catálogo de seres sobrenaturales. Tan sólo es cuestión de rebuscar bien entre leyendas populares y libros de mitologÃa para encontrar buen material para una pelÃcula de terror.
De cajas malditas o peligrosas tampoco anda corta la cinematografÃa de género. Desde la Caja de LaMarchand que usan los cenobitas de ‘Hellraser’ hasta la caja con bóton de ‘The Box’, pasando por la caja de los deseos de ‘Night Train’. Todas tienen algo en común: deparan desgracias a sus propietarios.
En el caso que nos ocupa no se trata tanto de un objeto maldito en sà mismo sino de un recipiente que contiene o, mejor dicho, retiene a un espÃritu maléfico.
Evidentemente, abrir la caja significa liberar a dicho ser, y eso trae consecuencias desastrosas para la inocente Emily, que pasa de ser una niña cándida y preocupada por el mundo que le rodea a ser una crÃa triste, antisocial y violenta.
La obsesión de Emily por la caja acaba levantando sospechas en su padre (no es para menos), que tratará por otras vÃas menos convencionales de ayudar a su hija antes de que sea demasiado tarde.
Aunque en éstos casos siempre me cuestiono el poco escepticismo de los protagonistas y cuán ‘fácilmente’ acaban aceptando ‘la posibilidad sobrenatural’ como la causa de todos sus males.
Bichos invadiendo hogares y cuerpos (¡puaj!), apariciones demonÃacas y escalofriantes (más o menos), padres muy sufridores y creyentes/practicantes como último recurso para acabar con la bestia.
El cóctel es el habitual y los lugares que se transitan también. Hasta tenemos a la niña subida a un columpio y echando malas miradas al personal, uno de las acciones más cliché del género de terror.
Todo esto serÃa perfectamente viable sÃ, al menos, despertara emociones fuertes, pero salvo algunos momentos puntuales donde de verdad el terror funciona por su sutileza, el resto es puro efectismo intrascendente.
Y eso aún reconociendo que uno de los momentos más significativamente escalofriantes de la pelÃcula (Emily, caja en mano, observando a la vieja en su habitación) le debe el 50% de su efectividad a la estruendosa banda sonora de Anton Sako.
En la dirección formal de Ole Bornedal hay cierta soltura que, desde luego, permite que la cinta se haga, como mÃnimo, entretenida, si bien los insertos de drama familiar para no hacer la propuesta tan aséptica son más propios de un telefilme de sobremesa.
Por otro lado, también se permite algún toque de humor conscientemente paródico (la charla con el profesor universitario), mientras que otros momentos resultan involuntariamente cómicos.
Algunos pasajes están al servicio de los caprichos del productor, un Sam Raimi obsesionado desde siempre con “cosas que entran y salen de la boca”, como asà lo atestigua su ‘Arrástrame al infierno’, entre otras.
Aquà las polillas entran y salen de Emily a su antojo, aunque no es lo único: la niña tiene un demonio dentro… Literalmente (el cartel asà lo atestigua).
Bornedal, que sorprendió hace casi dos décadas con ‘El vigilante nocturno’ (del que asumió también su remake yanqui) vuelve a suelo americano para dirigir un producto bastante rutinario dentro de los cánones del cine de terror (poco importa que el sacerdote sea católico o judÃo; su función en la trama es exactamente la misma a la que nos tiene acostumbrados el subgénero).
Una pelÃcula de exorcismos que ni molesta ni entusiasma, y que irremediablemente pasa a engrosar el abultado saco de ‘pelis del motón’.
Y me sabe especialmente mal por Jeffrey Dean Morgan, un actor con mejor fortuna en el mundo televisivo (Sobrenatural o Magic City) que en el cinematográfico, donde ya acumula demasiados trabajos ramplones.
Los minutos finales, por cierto, son de traca; ni en la mejor ‘Destino final’.
Secciones: CrÃticas, Noticias | Portada |
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Lunes 10 de Septiembre de 2012 a las 11:56
La copia de la copia de la copia. Ya cansan estas producciones…
Lunes 10 de Septiembre de 2012 a las 12:46
Jo que intriga! ¿como acaba?
Lunes 10 de Septiembre de 2012 a las 16:41
Pues yo lo tengo muchas ganas, que después sea lo que se dice en la crÃtica…..si, no lo discuto, pero quiero comprobarlo por mi mismo….y algo bueno debe de tener viniendo de quien viene. UN SALUDO
Lunes 10 de Septiembre de 2012 a las 19:18
Ya de por si los trailer muestran lo dicho en este articulo, no me sorprende nada la verdad.
Lunes 10 de Septiembre de 2012 a las 21:51
“Basada en una historia real”, esta frase es el sello de toda peli de este tipo.
Miércoles 23 de Enero de 2013 a las 14:40
Una pelÃcula de horror seria sobre posesiones sobrenaturales que usa algo más que ruidos fuertes para asustarnos ‘The Exorcist’ ha influenciado a muchas pelÃculas y esta es una de las mejores.